Con las manos en las tecnologías, mujeres aymaras cierran brechas digitales

La urgencia que sienten las mujeres indígenas de poseer un teléfono inteligente y aprender a manipularlo, no sólo surge de su necesidad para comunicarse con su entorno o acceder a información de su interés, también está relacionado a otros factores sociales y culturales.

Hace poco tiempo atrás, Victoria, una mujer indígena de 51 años, veía con asombro y bastante curiosidad cómo la gente a su alrededor utilizaba un aparto tecnológico para comunicarse e informarse de manera fácil y rápida. Con un teléfono móvil que le servía sólo para hablar con su familia, pensaba que nunca iba a necesitar aprender a manejar un aparato similar. Hoy, al verse sentada en un curso para Reporteras Populares de una radioemisora alteña, y con un celular Samsung en sus manos, siente la urgencia de aprender a manipular este aparato para mandar noticias por Whatsapp, acceder a información y coordinar con sus compañeras. Pero un detalle agobia a Victoria: no sabe dónde, cómo o a quién acudir para satisfacer esa premura.

Y es que más allá de ser un privilegio, en la actual era tecnológica, el acceso y uso del teléfono inteligente y el internet son dos necesidades básicas para la población pues, tal como señala la Organización de Naciones Unidas, favorece el desarrollo individual y colectivo en una sociedad.

Estos derechos están estrechamente ligados al derecho a la comunicación e información que se encuentran incluidos en instrumentos legales como la Constitución Política del Estado boliviano (artículo 106), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 19), la Convención Americana de Derechos Humanos (artículo 13), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 19) y, en el caso particular de las mujeres, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing respalda este derecho en el apartado J. denominado “La mujer y los medios de difusión”. Al ser considerado un Derecho Humano obliga a los Estados a garantizar su acceso y ejercicio en igualdad de condiciones.

Este acceso debe ser comprendido más allá de los indicadores de número de conexiones a Internet o acceso a infraestructuras y equipos tecnológicos. Tal como señala la AGETIC en su investigación “El acceso y el uso de Internet en Bolivia: antiguas y nuevas desigualdades”, las políticas públicas adoptadas por el Estado boliviano están concentradas aún en “la construcción de infraestructuras de comunicación y de redes, equipamiento en computadoras para escuelas y centros comunitarios, y en los últimos años se fomentan ensayos para reducir el costo de los servicios de Internet o aumentar la velocidad de las conexiones”. Situación que no ha logrado resolver la existente brecha digital en la sociedad.

Un ejemplo claro de ello es la situación de Victoria, quien con algo de esfuerzo logró adquirir su celular inteligente más no encuentra aún la forma de aprender a utilizarlo. Entonces, cerrar las brechas digitales, requiere también que los Estados realicen esfuerzos suficientes para que la ciudadanía, con énfasis los sectores marginados, pueda “adquirir los hábitos, conocimientos, prácticas e incluso los incentivos subjetivos para manejar eficazmente estas tecnologías”, como señala el documento de la AGETIC.

La urgencia que sienten las mujeres indígenas de poseer un teléfono inteligente y aprender a manipularlo, no sólo surge de su necesidad para comunicarse con su entorno o acceder a información de su interés, también está relacionado a otros factores sociales y culturales. Elena Blanco (20 años), originaria de la comunidad Tumarapi (provincia Villarroel, La Paz) explica que el Internet es una herramienta que le permite visibilizar algunos hechos relevantes de su comunidad. “Utilizo mi Facebook para publicar fotografías y videos de lo que sucede en mi pueblo. También descargo historia de las comunidades, me llama la atención eso. Nos sirve para averiguar lo que nos interesa a los que vivimos en provincia”.


“El Internet es como un diccionario, todo puedes encontrar ahí”

Julia Pacasi

Por su parte, Julia Pacasi (47 años), autoridad originaria de la comunidad Wariscata (provincia Pacajes, La Paz) explica que las redes sociales son para ella vitrinas digitales por las que puede mostrar prácticas y costumbres de su cultura aymara. “Comparto en mi Facebook sobre las hierbas medicinales que hay en mi pueblo, o sobre las prendas que confecciona la gente originaria con la fibra de alpaca, también me interesa la tecnología que nos han dejado nuestros abuelitos, eso se está perdiendo y hay que usar las redes sociales para que no suceda”.

Sin duda, el valor que las mujeres del área rural le dan al teléfono inteligente y el Internet es distinto al que le otorga una mujer citadina. Al verse limitadas en el ejercicio del derecho a la educación por razones económicas y culturales, el acceso al Internet equivale para las mujeres indígenas a la apertura a un mundo nuevo lleno de aprendizajes. “El Internet es como un diccionario, todo puedes encontrar ahí”, asegura Pacasi, tras explicar que utiliza su celular sobre todo para investigar sobre la cultura aymara y los derechos de las mujeres.

Pero, Julia Pacasi y Elena Blanco, corresponden a un porcentaje menor del total de mujeres y hombres que en la actualidad poseen las condiciones y habilidades suficientes para el uso de internet. Según datos de la AGETIC, “hoy, casi un 55% de la población adulta dice tener algún tipo de experiencia con la red de redes, un 40% la utiliza con cierta frecuencia y casi un millón (16%) lo hace diariamente”.

Los usuarios y usuarias que utilizan el Internet con mayor frecuencia e intensidad en el país “pertenecen sobre todo a grupos de población joven y/o con niveles socioeconómicos elevados, mientras que los más rezagados provienen de los segmentos más pobres y rurales”, señala el documento.

Hace un par de años que Elena Blanco terminó el bachillerato en un colegio de su comunidad. De sus clases de computación asegura haber aprendido muy poco, pues duraban sólo media hora a la semana. “En el uso de Internet no nos han capacitado, tampoco en el uso de redes sociales. Incluso las Quipus nos prestaban muy poco tiempo”, relata. Son escasos e insuficientes los telecentros o tiendas de Internet en el área rural, sobre todo en las comunidades alejadas como a la que pertenece Blanco.

“En mi comunidad las mujeres están demasiado atrasadas, utilizan el celular pequeño nomás porque piensan que es difícil usar el celular inteligente. Hace falta que se capaciten”, asegura por su parte Pacasi.

Si bien el gobierno ha implementado un programa piloto de inclusión digital para acortar las brechas digitales, su alcance ha sido sólo unidades educativas en El Alto y La Paz y no ha tenido ningún impacto en las áreas rurales. Para Claudia Condori, del Movimiento Warmi Sisa, “no hay una instancia del gobierno para que las mujeres se alfabeticen en el manejo del Internet en las comunidades. Las únicas instancias que se encargan de esta alfabetización son algunas ONG”. Esta última afirmación la corroboran Julia y Elena, quienes aseguran haber aprendido a utilizar sus teléfonos celular y el Internet en una ONG alteña.


«Hay mujeres que con el uso de la computadora o del celular han reforzado su lecto-escritura”

Tania Ayma

Por su parte, Tania Ayma, Fundadora del Centro de Educación y Comunicación para Comunidades y Pueblos Indígenas (CECOPI), sostiene que para combatir el analfabetismo digital en  la vida de mujeres indígenas, es imperativo que ellas puedan acceder a un celular inteligente pero además puedan ser capacitadas en el uso de Internet en idioma aymara. “Al principio les costará un poco por el lenguaje técnico, pero lo pueden lograr. Los escenarios que te abre el navegar en Internet  acelera el proceso de alfabetización, sin duda alguna. Hay mujeres que con el uso de la computadora o del celular han reforzado su lecto-escritura”, asevera Ayma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *